gente_colorEl mundo, nos guste o no, está cada vez más interconectado y más interdependiente. Gente muy diversa por su procedencia o maneras de pensar tienen relaciones cada vez más estrechas y variadas. Desde las relaciones de tipo comercial a las de convivencia cotidiana, compartiendo ciudades, barrios, calles o aulas.

A veces, esto provoca recelos o problemas de convivencia, pero también es un mestizaje que produce riqueza económica y cultural.

De hecho, esta situación no es nueva en nuestra sociedad. Si damos un vistazo a nuestra historia podremos ver que ésta ha sido siempre una tierra de paso. Gente de los cuatro puntos cardinales han pasado por aquí y, a menudo, se han quedado. Todos nosotros somos hijos de un constante mestizaje.

Nuestra manera de ser, nuestra identidad, no es sino la combinación de una diversidad que en su tiempo fue más o menos conflictiva, pero que generó una cultura y una sociedad nuevas.

 

Una sociedad democrática, por sí misma, ya es una sociedad que acepta como normal una cierta diversidad  en su interior. Los ciudadanos tienen el derecho individual a tener sus particulares creencias, estética, sexualidad, etc.

Esto no siempre fue así. Cuando había regímenes políticos autoritarios o dictatoriales, se imponía una única manera de pensar o de ser como correcta. Tal era el caso del franquismo (1939-1975) o de la Inquisición (diversas épocas entre los siglos XI y XIX en España y otros países).

En el ámbito europeo, la integración de diversos países en una unión política y económica hace también necesario que se plantee como objetivo fomentar el respeto al potro, No es un respeto que se mantenga desde una presunta superioridad y que ignore lo que tiene el otro de enriquecedor, sino que fomente la curiosidad hacia el otro. En definitiva, tendría que suponer el no considerar la propia identidad (costumbres, lengua, religión…) como una fortaleza a defender de cualquier contaminación, sino, precisamente, el considerarla como nuestra aportación positiva al encuentro intercultural.

Dependiendo de cómo afrontemos la diversidad creciente de nuestra sociedad, podemos ir hacia la confrontación y la violencia o hacia una sociedad más fértil y divertida.

Por ejemplo:

  1.  En el mundo del trabajo: La llegada de trabajadores de fuera es necesaria para el buen funcionamiento de la economía pero, según cómo se haga puede provocar marginación, explotación y graves problemas de convivencia.
  2.  En la sexualidad: El hecho de que todo el mundo se sienta cada vez más libre para vivir y expresar su sexualidad es positivo, pero debe hacerse desde el respeto a las opiniones personales de cada uno, acompañándolo de una normativa legal que no sea discriminatoria para nadie.
  3.  En la religión. La existencia de una mayor diversidad de creencias hace necesario que cada uno asuma una actitud de respeto, que implique tanto que los creyentes renuncien a imponer sus creencias a los demás, como que ellos sean respetados como creyentes.

En general, el respeto no significa que cada uno o cada grupo tenga que quedarse aislado preservando su identidad, sino que tiene que haber un diálogo y un intercambio que faciliten la cohesión social y el arraigo, promoviendo la sensación de pertenencia a una misma sociedad común, más allá de las particularidades de cada uno. De otra forma, irán surgiendo núcleos de marginación con un gran potencial de conflictividad y seremos todos más pobres, en todos los sentidos de la palabra.