Vamos a presentar, a continuación, dos situaciones reales y concretas que se están produciendo actualmente. Se trata de dos situaciones que son las dos caras de la misma moneda: la infancia. Por un lado tenemos la existencia de los llamados “niños de la guerra”; por otra, el proyecto solidario conocido como “La orquesta de los pobres” en la están implicados más de doscientos setenta mil niños de las clases más humildes de Venezuela.

 

1. Los niños de la guerra.

niños de la guerraLa realidad de los niños de la guerra de la que vamos a reflexionar es la visión formulada por M. Monestier en su libro “Los niños esclavos”. (Alianza. Madrid. 1999).

“En el transcurso de los últimos cincuenta años el mundo ha conocido más de 400 conflictos armados, de los que más de 150 son considerados como graves por las instancias internacionales (…).

Entre 1945 y 1955, período para el que se dispone de datos precisos, cerca de 25 millones de personas han perdido la vida en situaciones directamente relacionadas con la guerra (…).

Una de las más tristes realidades de nuestra época es que la mayoría de los conflictos hacen sufrir, sobre todo, a los grupos de población más pobres del planeta. Parecen ser incluso un monopolio de los países más desfavorecidos, es decir, precisamente de aquellos que menos pueden permitírselo (…).

A petición de las Naciones Unidas, y en colaboración con la UNICEF, G. Machel, investigó, en más de 30 países, la suerte que habían corrido los niños en las guerras del decenio anterior.

De ese estudio se deducía que los niños se han convertido en parte integrante de los conflictos armados, por no decir sus principales víctimas. Perdidos, separados de sus familias, abandonados o huérfanos, torturados, violados, raptados, muertos de hambre, enrolados por la fuerza, obligados a ejecutar a supuestos enemigos, a incendiar y matar, explotados por traficantes, arrojados en fosas comunes, y en el mejor de los casos concentrados por millares de campos de refugiados (…) Una de cada dos víctimas de las guerras recientes es un niño.

Los documentos publicados por la ONU concluyen que entre 1980 y 1995 más de dos millones de niños han muerto en circunstancias directamente relacionadas con la guerra; entre 4 y 5 millones han quedado incapacitados; un millón y medio son ahora huérfanos de padre y madre; 12 millones han perdido su hogar, y otros 12 millones han quedado traumatizados para siempre por la muerte de su familia, de la que han sido testigos. Para ellos las consecuencias son terribles: retardo en el crecimiento, traumas psíquicos irreversibles, trastornos emocionales, miedo, odio y violencia crónicos…

Los niños no son tan sólo víctimas pasivas, sacrificadas en nombre de intereses y objetivos que les sobrepasan. En muchas ocasiones también participan activamente en su propia destrucción y empuñan en esas guerras salvajes y criminales las armas que los matan, mutilan y destrozan psíquicamente (…)”.

Cabe preguntarse a qué lógica responde el reclutamiento militar de los niños.

*La primera razón es lisa y llanamente de orden contable. Conforme van faltando adultos debido a las matanzas, los agentes de reclutamiento, para paliar las pérdidas, se dirigen hacia la única fuente posible, la población adolescente y, más tarde, la infantil.

*La segunda razón reside en la facilidad con la que se les puede enrolar a la fuerza, secuestrándolos, aterrorizándolos y adoctrinándolos.

*La tercera es de tipo táctico. Enviando a menores a las primeras filas de combate se preservan las vidas más preciosas, que en el plano militar son los soldados más experimentados.

*Como último argumento de los reclutadores de niños está su obediencia ciega, que no reclama sueldos y raramente desertan, incluso cuando han sido enrolados a la fuerza.

2. La orquesta de los pobres.

Los niños de Montalbán con sus instrumentosEl protagonista de la segunda situación que vamos a ver es un músico y director de orquesta venezolano llamado José Antonio Abreu. Se trata de un hombre de extraordinaria sensibilidad que considera que la música y la creación e interpretación musical son unos instrumentos irreemplazables para unir a las personas y, a la vez, para darle sentido, futuro, alegría y educación a todos los niños, sobre todo, a los que pertenecen a las clases sociales más humildes.

Antes de relatar este caso serían convenientes algunos datos sobre José Antonio Abreu: Nació en Valera, Trujillo (Venezuela), el 7 de mayo de 1939. Comenzó sus estudios musicales en Barquisimeto y, posteriormente, en Caracas. Fundó y dirigió la Orquesta Sinfónica Juvenil y la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles, que es una red de orquestas infantiles, juveniles y coros que integra a más de doscientos cincuenta jóvenes músicos.

En 1994 fue galardonado por la UNESCO con el “Premio Internacional de música”; en 1998 recibió el titulo de honor “Embajador para la música y la paz”; y en 2001 fue premiado por el “The Right Livehood Award” por haber hecho posible la creación de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil en Venezuela.

La crónica de esta situación surge del escritor Jesús Ruiz Mantilla en un reportaje titulado “la orquesta de los pobres” publicado en el periódico EL PAÍS SEMANAL, el 2 de septiembre de 2007.

“A veces- escribe Jesús Ruiz Mantilla-, esa en apariencia insuperable distancia que existe entre la miseria y la salvación es cuestión de 50 centímetros. Los que mide un violín. Todos y cada uno de los 270.000 niños que integran el sistema de orquestas de Venezuela lo saben. Lo han visto, lo han oído, lo han vivido…El 85% de ellos pertenece a las clases más oprimidas de un país en el que la pobreza es una escena cotidiana con un 31,3% de la población debajo de su umbral, según datos del Banco Mundial y la ONU. Pero cada día la mayoría de estos muchachos agarran su instrumento y su entusiasmo y se dirigen a cualquiera de los 120 núcleos, de las escuelas desperdigadas en los barrios, en los pueblos, en la selva, donde aprenden a superarlo todo. Es allí donde su vida, dicen ellos mismos, cobra sentido.

Que la música tiene la llave del progreso y de la vida, puede sonar a palabrería tan hueca como bienintencionada en ciertos ambientes. Pero cuando lo dice José Antonio Abreu, ese hombre visionario y revolucionario que decidió hace 32 años regenerar un continente por medio de trabajo cómplice y en equipo de las orquestas, es, sencilla y contundentemente, verdad. Él lo ha demostrado y hoy es el día en que sigue un tanto asombrado de su hazaña. De su milagro.

Empezó en un garaje con 25 atriles en febrero de 1975. Demasiados. Entonces le sobraron 14. Sólo 11 apóstoles estaban dispuestos a confiar en su sueño, 11 muchachos que hoy, ya más entrados en años, siguen a su lado en el alucinante sistema de enseñanza que han montado desde entonces y que no solo se ha implantado en Venezuela, cuyo Gobierno lo apoyó al años siguiente de su creación, sino que se ha adoptado como método en 23 países más.

(…)La última semana de julio ha sido ajetreada para todo el mundo, Hacía años que no se realizaba una selección nacional de niños y jóvenes para tocar en Caracas. Además, Rattle (que dirige la Orquesta Filarmónica de Berlín) ha llegado al país con su esposa, la cantante M. Kozená-que actuará con ellos-, para dirigir a la Sinfónica Simón Bolívar, el máximo escalafón artístico del sistema. Poco después de llegar acude a una demostración de la orquesta más virtuosa de uno de los núcleos punteros, el de Montalbán, en Caracas, que cuenta con tres formaciones.

Le interpretan en su honor el cuarto movimiento de la Primera sinfonía de Mahler, la Titán, que ha dirigido Ulyses Ascanio, uno de los 11 pioneros del sistema. El maestro Abreu acompaña a Rattle, que aplaude entusiasmado y besa, abraza y felicita a los muchachos. ¡Viva la música!, les dice en español al final. ¡Seguid así! Ellos le han recibido en pie. Saben perfectamente quién es, lo veneran. Por su fuera poco, Abreu se lo recuerda: Para estos niños, hoy es uno de los días más importantes en sus vidas- asegura ante los asistentes-, el mejor director del mundo ha venido a escucharles.

 

(…) Cuando a un niño que vive en un barrio rodeado de miseria le entregas un instrumento, le estás dando un arma- asegura Abreu-. Es lo único que tiene, lo que le va a permitir abrirse paso, y se aferra a él como un náufrago. Es su tabla de salvación. Por eso ensayan tres, cuatro horas diarias. Por eso y porque sus vidas adquieren repentinamente un sentido profundo. Un sentido que se contagia a sus familias y también a la comunidad. Con lo que hace, el niño adquiere su propia identidad. Lo peor de la pobreza no es carecer de nada: es no ser nadie. En la orquesta son alguien.

Todo surgió por rebeldía. Rebeldía contra la pobreza, contra la educación musical elitista y caduca que busca solistas perfectas y crea, en su mayoría, fracasos y frustraciones. Otra de las claves, según Rattle, es precisamente la desinhibición: Cuando algo les sale mal, no pasa nada. Lo repiten y saben que lo mejorarán (…)

 

Otro de los lugares emblemáticos del sistema se encuentra en Barquisimeto, en el estado de Lara. Su escuela es todo un símbolo porque allí se logró romper una barrera más que ha mostrado a sus responsables que la música no conoce límites (…)

Es el caso de Naybeth García y Johnny Gómez, un matrimonio que ha fundado el coro “Manos Blancas”, formado por un grupo de niños sordos que logran interpretar música (…) A nadie se le había ocurrido de no ser porque un día apareció por allí una niña que iba a colocarles en un brete. Se llama Estefanía Colmenares y es sorda, asegura Naybeth García. Un buen día entró en la escuela y por señas dijo que quería aprender. La primera reacción fue contundente: No puedes, mi amor, pero quédate en la escuela si lo deseas. Estefanía se decidió a intentarlo porque quería pasarlo tan bien como su prima, que estaba en la orquesta. Al poco tiempo, los profesores se dieron cuenta de que Estefanía respondía a impulsos singulares y sobre todo que esas señales cualesquiera que fueran, le hacían disfrutar.